jueves, 15 de diciembre de 2011

Vacíos en el estómago y corazón.


Levitábamos, la felicidad nos hacía el amor, devorábamos el mundo.

Me encantaba reír, estaba agobiada, pero no necesitaba nada más. Tan cerca de todo, y a la vez ya tan lejos… tan lejos de tu olor, de tu perfume, del simple anhelo de tu piel.

Nunca creí que la instantánea daría tantas vueltas hasta llegar a verla blanca y negra… blanco y negro, cuanto se podría sacar de ahí. De tu espalda, que es el encaje de mi locura infinita.

Cuanto amor, y cuanto cuento de hadas, cuentos que no son nada si no estás.

Es como poseer una angustia y no poderla expulsar, es como querer haber estado ahí, pero solo cuando tú estabas, como si ese suelo perdiera su belleza cuando no se posa tu rastro sobre él.

Al estar tú, los árboles son más verdes, las casas más antiguas y las cafeterías más bonitas. Al estar tus ojos, las cosas se ven de otro color, y las flores lucen más bonitas y la hierba es más fresca solo para ti, sólo porque amabas.

Las luces de navidad, mis ojos, brillan más, viven más si sólo estás tú, tú y tú coloreas ese universo perfecto dentro de mi cabeza, todo también lo extraño si te vas.

miércoles, 27 de julio de 2011

Bajeras...

De bajeras está hasta la inercia... De bajeras están los árboles, las flores, la playa, la arena, de tristeza estoy cubierta.

Me siento arrojada al mar del mundo, y no tengo flotador (ya que estamos en verano, por seguir el hilo). Me estoy ahogando o asfixiando y creo saber por qué; y es lo peor de todo, la constancia del saber... Eso quizás sea lo más doloroso, lo más inquietante, lo que saca mi peor cobardía.

Necesito estar acompañada, y mañana estar sola, para desear dentro de un tiempo esa compañía tal vez... Que pensamiento, ¡Que plan más idiota! ¡Qué locura! (Para no variar).

Me estoy volviendo enferma de idiotez, aprovecha el positivismo y no peques de mala persona, pero es algo inevitable, algo inexplicable si miro ese cielo gris o esos prados verdes.

Al final me voy a hacer daño, que es lo que siempre ocurre, te voy a hacer daño, y nos vamos a tener que curar las quemaduras, y nos va a faltar cremita.

PD: perdonad el léxico, estoy tontita...

sábado, 26 de marzo de 2011

Sueños...

Me perdería en tantas cosas... en muchas otras... escuchando el vals de tu seducción, de tu ternura, de tu voz rota.
En el interior del corazón, un dolor contaminado; de cantos perfectos, de letras inacabadas, de miradas piadosas... y mis sábanas mirándote, llamándote... y yo haciendo la cama para cerrarles los ojos...
Sueños de acariciar tu cara, de adentrarme en tu cabeza, en tus cosas, de no querer terminar de andarte, de investigarte. Tocar tu boca, tocar tus manos, acariciarte el cuello, la espalda, quedarme dormida en las nubes, nubes de sueños.
Mi almohada pregunta por tus prados verdes en los que quiero perderme; por tu pelo, por tu cuello, y creo volverme loca. La prohibida locura drogada.
Siempre quiero que esto sea lo último que vaya hacia ti, pero vuelvo a revolotearme en las andaduras pedregosas de tu piel...
Y mi mente no entiende de delicadezas cuando te llama, cuando te piensa, cuando te sueña, y aquí vienen las manchas de mi alma, las arrugas de mi cabeza, la madurez de mi corazón, porque eres eso, eres todo lo que sueño, eres un sueño, eres la luna, que se ve;... pero no se toca.

viernes, 18 de febrero de 2011

Otra vez...

Busco en el diccionario y encuentro, resaltadas y en mayúscula, la S de soledad, y la D de desasosiego. La húmeda noche malagueña me cubre con su manto de frialdad y preocupación mientras me da un solo espacio entre los flecos de su mantón de manila para digerir un resquemor hiriente; que además escuece.
Los coches se oyen, cruzan el puente, pasean la carretera mientras las personas que en ellos van o que a ellos dirigen giran. Es viernes, la noche presenta estrellas que observan hasta el amanecer más pequeño... lo esperan con ansía, con expectación novedosa, con una extraordinaria sensibilidad sobrehumana.
Yo miro, miro los tejados, miro las casas y miro los seres que cruzan ese puente, miro también al tren de cercanías, que pasa con la elegancia tal de no hacer ruido ninguno, me fascina una cosa tan simple; y tan cómoda.
Estoy cansada, pero no tengo sueño, yo hablo de otro cansancio, y quiero gritar a otro descanso que escapa de vuestra razón, quizás quiera descansar de empezar a convertirme en una más dentro de mi misma, para ser Lydia de nuevo, para gritar con orgullo -"Mamá, me he caído" , otra vez...